martes, 17 de julio de 2012

14/7/2012


Había perdido la fe en si mismo y cada día se sentaba frente la misma ventana y soportaba el calor. Ya solo le quedaba eso, desnudo frente el cristal la observaba, con esa gran erección. Su imaginación le llevaba a ella atada al sofa amordazada, abierta de piernas mientras la penetraba. Como un jodido animal salvaje.
Todo el semen de la primera masturbación del día quedaba esparcido por el comedor pero no importaba, porque nada importaba.
Conservaba esos prismáticos de su vida anterior en la CIA justo para esos momentos. Después de la corrida encendía un cigarrillo y observaba como ella tomaba café, como se depilaba, como hacia espaguetis a la carbonara.
Estaba siendo observada, ella no tenía nidea y eso era lo que mas cachondo le ponía.
Planeaba violarla, asesinarla, congelar-la y guardarla eternamente en su congelador. La quería para él porque su pene no podía amar otra cosa. Pero era inteligente, a veces se daba cuenta de que se había convertido en un monstruo. En esos delirios conscientes, cada vez mas infrecuentes, se mutilaba. Se mutilaba el pene , los brazos, la cara. Y entonces volvía a empezar. Copa de whisky con hielo y el puro de cada final de sesión con su pecho ardiendo. 

Ya estaba borracho, en la mesa aguardaban tres botellas de whisky barato vacías, eran las 3 de la mañana.
Vio a la rubia llegar con alguien. Vio como la desnudaban, como se besaban. Su pene volvía a estar duro. Se hizo un chupito pero eso no calmo su ansiedad. Cogió el vaso y lo estrelló contra la pared; tampoco logro nada. Solo podía ver ese negro penetrándola de pie en el mármol gris de su cocina.
Quiso ser el. Quiso degollarla mientras se la metía. Quiso estar tan dentro de ella que jamás en la vida iba a olvidar-lo. Como poseído, empezó a vestirse. El pene yacía duro debajo de sus calzoncillos, tragó mas whisky y salió a la calle. No podía controlar a su monstruo. Ahora no, estaba cansado de pelear y estaba borracho. Subió las escaleras hacia el piso número seis.  Usó esos trucos de la CIA que le permitían hacer cuando aún podía trabajar.
Estaba dentro. Él, su monstruo y su pene gigante e húmedo observaban esa estancia que tantas veces había imaginado pisar.
Sin pensarlo entro en el dormitorio y los vio. Miro a esa rubia jadeante a los ojos. Supo que ella lo sabía. Supo que sabía que estaba loco, que sabía que la seguía , que sabía que ella era su luz y su oscuridad. Cogió su pistola y sin decir una palabra disparo a ese pene enorme. Carne negra y sangre pintaba las paredes, se oyó soltar una carcajada salir de su garganta. Un hombre mutilado era justo lo que necesitaba.
Lo dejó agonizando y se acerco a ella. Era una estampa preciosa; estaba asustada , echa un ovillo en la cama , ni siquiera probaba de defenderse. " Pobre niñita..."
Pero esos ojos.. esos ojos transmitían un extraño deseo. Decían: Follame, cabrón.
Así que lo hizo. Cogió una cuerda y la ató a la cama, como en sus fantasías. Era un caramelito dulce...
Se puso encima y la penetró. Ni siquiera le dio un respiro, la entro con toda la fuerza que su físico le permitía. Era como estar en el cielo, o algo así. Ya no había ansiedad. Ya no oía voces. Solo escuchaba los gritos de ella, eran de puro placer! Cuanto mas chillaba ella mas cachondo estaba el. Cada vez lo hacía mas rápido, le metió los dedos en el ano, luego el pene. Su culo manchaba todo de sangre y en cuanto se dio cuenta se corrió lo mas dentro que pudo, hizo un ruido infernal pero no se dio por vencido, porque no era suficiente.

Nunca era suficiente.

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